lunes, 23 de enero de 2012

HOY FUNDAMOS RED SOLIDARIA EN AFRICA

HOY FUNDAMOS LA RED SOLIDARIA ÁFRICA, en Mozambique...


.de Red Solidaria, el Lunes, 23 de enero de 2012 a la(s) 9:27.Juan Gabriel Arias







El lunes pasado hubo una tormenta muy grande. Con mucha agua y mucho viento. Hizo desastres.Volaron muchos techos de casas, escuelas, capillas, etc. También cayeron chozas enteras, o quedaron en malas condiciones.En algunas aldeas se cayeron todas las casas.Se cayeron muchos árboles de Cajú, la única manera para muchas familias de hacerse de algo de dinero.Por inundación y destrozos, se cortó la Ruta Nacional nº1. La ruta principal que une todo el país. No se puede ir hasta Maputo.







Los chicos que estaban de vacaciones con su familia y estudiaban en Maputo, no pueden empezar las clases, que comienzan mañana, lunes.Los que hacen transporte público hasta Maputo están sin trabajo estos días.Los bancos estuvieron una semana sin sistema. Vamos a ver si el lunes tienen o no.







Murieron muchos cabritos. Casi todas las familias que tenían cabritos se les murieron todos, o algunos. El cabrito acá es el banco de los pobres. También los bueyes, pero ya hay que tener más plata. Criar animales, es como poner la plata en plazo fijo. Cada tanto te va dando algunos intereses (cria), y es un dinero al que podés recurrir ante alguna emergencia. Una enfermedad, o una tormenta como la que pasó que te destruye la casa. Como para tener idea del daño que significa la pérdida de esos animales.







Todos están muy tristes.En Chibuto, donde estoy ahora, desde el lunes que no hay electricidad, porque se cayeron muchos postes de luz. Tampoco hay señal de celular. Y se cayó también la antena de la televisión nacional.Hubo un muerto por el golpe en la cabeza de una chapa del techo de una casa.Varios heridos.







Dicen que para el próximo lunes podría volver la luz.El martes tenía que ir a la unas comunidades lejanas. Las mismas donde fui el mes pasado. Venían también mis amigos de Un techo para mi País. Íbamos a bautizar dos chicos y dar la primera comunión a otro. No pudimos ir por la tormenta. Igual fuimos a buscar a los jóvenes que nos iban a acompañar en el viaje, para ver cómo estaba la situación ahí. Ahí nos dimos cuenta de la dimensión del desastre.







Quedamos en salir el día siguiente. Porque las jóvenes que nos iban a acompañar en el viaje, también fueron víctimas de la tormenta. A dos de ellas les ayudamos a acomodar un poco las chozas que habían quedado torcidas, y con el techo medio desarmado. Tenían toda la ropa mojada.







Al otro día, pasamos a buscarlas. Ya había levantado dos jóvenes de otra comunidad en el camino. Uno de ellos era Sebastián, que, si Dios quiere, el próximo año va a ingresar al seminario.







Ya estaba el equipo completo. Un poco numeroso. Mis 5 amigos, los dos jóvenes, 4 chicas, dos de ellas con sus hijos, y yo. 12 grandes y dos chicos. Todos en mi camioneta. Las dos jóvenes con sus hijos venían adelante conmigo. Cantando. El resto atrás.







Cuando llegamos a los negocios, un almacén, un bar y unos edificios abandonados (hay muchos negocios y casas que fueron abandonados en el tiempo de la guerra civil), nos estaba esperando Papá Armando Chaúque, el catequista de una de lass comunidades donde íbamos. Padre de 13 hijos (2 murieron), tres de los cuales iban a recibir los sacramentos. Un personaje. Había aprovechado nuestro viaje para ir a los negocios, y volver con nosotros. Me dijo que estaba con su hijo. En realidad, también estaba con una señora mayor de edad, y una joven, hija del animador de una de primera comunidad a la que íbamos.







El mozambiqueño tiene otra concepción del lugar. Donde nosotros vemos un auto lleno, ellos ven los huecos por donde pueden meterse. Esto es más fuerte en los transportes públicos, donde viajan realmente apretados. Y, así y todo, siempre hay lugar para que suba otro.







A mí no me gustaba la idea de llevarlo, por lo mal que iban a viajar mis amigos que no estaban acostumbrados a viajar así (en la parte de atrás de la camioneta, con canopy, tan apretados). Y también para cuidar el auto, porque teníamos que hacer un largo camino por el medio del campo, con partes de mucho arenal, y otras de barro, por la lluvia). El auto iba a sufrir mucho. Pero no supe decir que no. Tuve pena. Hubiera sido una situación muy violenta, porque nunca habrían entendido mis razones.







Y así fue que, después de mucho andar. Por caminos con mucha arena, esqivando árboles, y después de bordear una laguna, el auto dice basta.Con un camino tan complicado, y con tanto peso, fue necesario hacer muchos cambios, con la doble tracción puesta, y el disco de embrague no aguantó. Se quemó. Después el mecánico me dijo que el cable del embrague estaba muy estirado, y que, seguramente, ya venía mal de antes.







El tema es que nos quedamos, en medio de la nada. Sin señal de celular y sin casas cerca. Nos dividimos en tres grupos. Mis amigos de Argentina, jóvenes también, y deportistas, emprendieron el camino hacia los negocios, donde podían esperar una chapa (camioneta que hace transporte público) que los lleveHasta Chibuto donde estaba la parroquia y podían avisarle al padre Adauto (brasilero, párroco), para que venga a buscarme. Los acompañaba, y guiaba, Sebastián.







Las mujeres, con el resto de la gente, enfilaron para la casa de Papá Joaquín Mandalate, que estaba más cerca, y que tenía puesta una antena en la punta de una vara alta, y con eso, a veces, agarraba señal de celular. Desde ahí, con suerte, podrían avisar al padre Adauto. Quizá Papá Joaquín también podía conocer a alguna persona de la zona que tenga tractor y venga a sacarme







Yo me quedé con Colino, el otro joven, y el Papá Chaúque esperando alguna ayuda. Lo bueno es que teníamos mucha agua, que llevábamos para esos días, así que cada uno llevó la cantidad que quiso. También teníamos galletitas. Así que no íabamos a pasar hambre.Igualmente, apenas se fueron todos. Colino se alejó unos metros, y vino con una fruta silvestre que yo no conocía, mavobo. Estaba muy buena. No comí mucho por miedo a efectos secundarios. También comimos otra fruta silvestre, que yo sí conocía, la masala.Esperamos varias horas.







Para hacer tiempo, además de tirarnos a dormir en la sombra, Colino y el Papá Chaúque se pusieron a hacer cosas, que seguramente aprendieron de chicos. Había un fruto con forma de vaina, chaucha, que trajo Colino, que cuando se lo arrojaba de forma adecuada (yo no lo logré) hace un ruido fuerte, como de un motor, algo raro.







Después Papá Chaúque hizo un hilo grueso con la corteza de un árbol y frotándolo en la pierna para enroscarlo, y lo ató a una de las puntas de ese fruto y empezó a revolearlo, haciendo ese mismo ruido, pero de manera continua.Cuando terminó, agarró una pajas, las trenzó, e hizo un (ventiladorcito, molino).Entretanto, yo agarré un paquete galletitas abierto que habíamos dejado sobre la estera en que nos sentábamos, y empecé a comer. Veo que en la estera hay muchas hormigas, chiquitas. En el lugar donde estaban las galletitas. Veo el paquete, y estaba lleno de hormigas, por fuera y por dentro. Para esto, distraído, yo ya me había comido tres. Fueron galletitas fortificadas con proteínas.Después de unas cinco horas, escuchamos el ruido de un auto. El padre Adauto.Tiene una camioneta muy buena para estos caminos, y trabajos. Una Toyota Land Cruiser. Es muy fuerte.







La atamos con una cadena. Y empezamos. Por más que luchamos mucho e intentamos muchas cosas, no hubo forma. La camioneta de Adauto se enterraba en el arenal y no me podía remolcar.Ya era tarde, y no estaba lejos la noche. Entonces cerramos el auto, y volvimos a Chibuto.En el camino nos encontramos con Sebastián, que, después de dejar a mis amigos en Chibuto, se subió a otra chapa, para ir hasta los negocios, y meterse en el campo para venir donde estaba para acompañarme. Era una caminata de unas dos horas, por lo menos.Les dije a mis amigos que Sebastián es fiel como un perro. Nunca te va a dejar solo. No mide cansancio ni nada. Siempre va a estar, y va a tratar de ayudarte en lo que sea. Además, es muy pegado a mí. Me sigue a todas partes. Cuando llegamos a Chibuto, ya de noche, fuimos directo a lo del mecánico. Nos dijo que mañana lo pasemos a buscar a las 4 de la mañana para ir a ver cómo traemos el auto.







Adauto me dijo que el aviso que le llegó primero fue un mensaje de texto. Seguramente de las chicas desde el teléfono de papá Joaquín. Y que se había cruzado con mis amigos, en el camino principal, cuando ellos ya estaban arriba de la chapa. Ahí pararon ambos para hablar.Al otro día, a las 4 de la mañana, ya fuimos a buscar el auto. Al principio, con unos ajustes que hizo el mecánico en el embrague, el tema funcionó. La camioneta mía andaba un poco, y ayudaba a que Adauto me pueda remolcar. No terminamos de hacer u kilómetro que escuchamos una explosión en la camioneta de Adauto, y vemos una nube de humo que sale del motor, y Adauto, con un seminarista que lo acompañaba, saltaron y salieron corriendo.No fue tan grave como pensamos. Pero igual fue complicado. Se había soltado una manguera de agua, porque el radiador había levantado mucha temperatura. El humo era vapor. Para peor, ya no teníamos agua. Solo un litro y medio para tomar.







Con Adauto nos miramos y nos pusimos a reír. Ya venía demasiado fácil la maniobra. Se tenía que complicar de alguna manera. Ya estamos acostumbrados. La vida misionera es así. Es parte de la misión. Si uno se preocupa, se enoja, se pone mal, no puede arreglar nada, y se jode la salud. No va a aguantar mucho en la misión. Estas cosas son las que hace que sea complicado trabajar en estos lugares. Si todo saliera como lo planificamos, sería muy fácil.Deprimirse es una tentación. Porque está en un lugar agreste. Viviendo de manera austera. Planificando cosas pastorales y sociales, para ayudar a la gente. Y, surgen muchos imprevistos que impiden cumplir esos proyectos, o complican mucho su ejecución. Para peor, muchas veces, como en este caso (me terminó saliendo unos U$S300 toda la movida, con el arreglo y repuestos, y eso que le pude bajar U$S100), es necesario mucho dinero para solucionar el problema. Dinero que a veces no se tiene, o tiene que sacar de otros proyectos. El auto es una herramienta de trabajo fundamental para nosotros.







El tema es tener calma, y buen humor. Basados en el abandono a lo que Dios va mandando a cada momento.Después de un largo camino, con varias paradas a buscar agua para la camioneta de Adauto, pudimos llegar a Chibuto y arreglar mi auto. En un momento del camino le pregunto al mecánico cuál de las dos camionetas estaba peor.Ya escribí demasiado.Tengo qué elegir qué cosas contar. Porque siempre pasan cosas interesantes para contar, pero sería muy largo contar todo. En estos días mando un par de anécdotas más.













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